¿Por qué las empresas están trasladando el presupuesto de offsets “tradicionales” a proyectos de eliminación de carbono (carbon removal)?
La razón más simple es que muchas empresas quieren reducir el riesgo de hacer afirmaciones (claims) poco sólidas. Por eso están mirando con más atención créditos vinculados a la eliminación de CO₂, no solo a reducciones o “avoidance”. En la práctica, el presupuesto se desplaza hacia proyectos donde la historia es más verificable y donde la permanencia es más clara.
La segunda razón es que la demanda corporativa se está volviendo más selectiva. En los mercados voluntarios se habla cada vez más de “alta integridad”, transparencia y estándares de verificación más robustos. Esto lleva a una distinción nítida entre créditos que superan los filtros internos (auditorías, políticas, controles reputacionales) y créditos que siguen siendo técnicamente comprables pero que ya no son “utilizables” para muchas empresas.
Un tercer motor es la forma en que las empresas plantean la ruta hacia el net-zero. Un ejemplo útil viene de un caso público: LEGO dice que la prioridad sigue siendo recortar emisiones en sus propias operaciones y en la cadena de suministro, y que la eliminación de carbono es una herramienta complementaria para las emisiones difíciles de eliminar. En el mismo relato aparece también un punto práctico: construir una cartera de eliminación puede incluir tanto naturaleza (como reforestación) como tecnologías, precisamente para aprender diferencias de durabilidad y requisitos de verificación.
Por último, también cambia el “cómo” se compra. En lugar de compras puntuales, muchas empresas prefieren acuerdos plurianuales y carteras, porque buscan continuidad y control del riesgo. Cuando la calidad se convierte en la principal restricción, el procurement se desplaza hacia contratos más estructurados y hacia socios que ayudan a evaluar métodos, datos y verificaciones.
¿Qué cambia para los precios y la disponibilidad de los créditos con la entrada de nuevos compradores corporativos (p. ej., grandes marcas)?
El primer efecto es que el mercado se parte en dos. Por un lado quedan créditos más “estándar”, a menudo más fáciles de encontrar. Por otro, crece la atención por créditos con requisitos más estrictos en transparencia, verificación y trazabilidad. Aunque los volúmenes totales pueden no crecer al mismo ritmo, aumenta el valor atribuido a los créditos que superan los controles internos de los compradores más expuestos.
La segunda consecuencia es que la disponibilidad “real” se estrecha. No es solo una cuestión de cuántos créditos existen, sino de cuántos créditos son compatibles con políticas corporativas que exigen documentación clara, datos accesibles, verificaciones de terceros y registros fiables. Cuando entran compradores más sensibles al tema reputacional, la lista de proyectos comprables se acorta.
La tercera consecuencia es que los compradores empiezan a comprar como si estuvieran gestionando una categoría de riesgo. Se vuelven habituales los concursos (tender) con criterios de scoring, la diversificación entre registros, la preferencia por vintages recientes y cláusulas contractuales sobre invalidación o reversal. También cambia la comunicación: el crédito ya no es “un número”, sino un paquete de evidencias que debe resistir preguntas de inversores, auditores y stakeholders.
Para las cadenas agroalimentarias esto se traduce en pliegos más detallados. Quien compra ingredientes o transforma materias primas tiende a pedir proyectos más cercanos a la supply chain, donde es más fácil explicar el vínculo con el territorio, las prácticas y la trazabilidad. En este espacio entran opciones como la agroforestería y el biochar a partir de residuos, si están respaldadas por monitorización y registros sólidos. La estrategia que suele funcionar es escalonada: una cuota más prudente, una cuota de experimentación controlada y una cuota territorial para coherencia con la cadena.
Finanzas del carbono hacia África: ¿cómo funcionan los acuerdos tipo CORSIA y qué riesgos/oportunidades hay para los compradores?
CORSIA cuenta porque crea demanda regulada en el sector de la aviación y, por reflejo, influye en hacia dónde va el capital. Cuando un programa define qué unidades son elegibles, los proyectos en países en desarrollo pueden volverse más “financiables”, porque tienen un canal de demanda más predecible.
Los acuerdos, en la práctica, suelen parecerse a contratos de compra a varios años. El comprador se asegura volúmenes futuros, mientras el proyecto obtiene visibilidad sobre los ingresos y puede financiar actividades y monitorización. Dentro de estos contratos entran condiciones sobre estándar y metodología, reglas sobre registros y vintage, y cláusulas de sustitución si la unidad pierde elegibilidad. Es una forma de gestionar un riesgo muy concreto: la elegibilidad puede cambiar y no coincide automáticamente con “alta integridad”.
El principal riesgo, de hecho, es confundir conformidad formal y calidad sustantiva. Revisiones independientes han señalado que la adicionalidad puede ser un punto crítico en parte de los proyectos considerados elegibles. Por eso los compradores más prudentes añaden capas de due diligence: controles documentales, ratings, second opinion, preferencia por datos públicos y un MRV legible.
Las oportunidades, sin embargo, son reales. Los compradores pueden acceder a volúmenes y a proyectos nature-based con co-beneficios, si diseñan bien la gobernanza y la gestión del reversal. Y para corporates no vinculadas a la aviación hay un punto operativo: comprar “CORSIA-eligible” puede ser una elección de robustez, pero los claims deben gestionarse con cautela. Hay que evitar dobles contabilizaciones y aclarar si se está hablando de compensación o de contribución, con disclosure completa.
Cadena bosque‑madera, viveros y créditos de carbono en Italia: ¿qué proyectos pueden surgir y en qué plazos?
En Italia el potencial pasa a menudo por la cadena bosque-madera y la gestión del territorio. Una señal llega desde Calabria: en los Stati Generali delle Foreste (un encuentro nacional italiano sobre política forestal) se habló de cadena bosque-madera, viveros y créditos de carbono como palancas para relanzar el sector, junto con la protección frente a incendios y el riesgo hidrogeológico. En el mismo contexto se reiteró el papel del enfoque científico y de la gestión forestal sostenible, con la implicación de universidades e investigación.
Los proyectos que pueden surgir, en términos generales, incluyen forestación y reforestación, gestión forestal mejorada, viveros vinculados a planes de plantación y mantenimiento, e iniciativas que pongan en valor la madera y la gestión del bosque de forma trazable. La diferencia clave que hay que aclarar es entre eliminación (cuando se habla de CO₂ retirado de la atmósfera y almacenado) y reducción de emisiones. Esta distinción se vuelve aún más relevante en el contexto del CRCF europeo.
El CRCF, de hecho, busca crear un lenguaje común sobre cuantificación, adicionalidad, almacenamiento de largo plazo y sostenibilidad, y prevé un recorrido hacia registros y trazabilidad más coherentes a nivel de la UE. Para un comprador italiano significa algo práctico: quien compra créditos “locales” tendrá que pedir más evidencias, y quien desarrolla proyectos tendrá que invertir antes en datos, auditorías y cadena de custodia.
Los plazos no son inmediatos. Entre el setup, el MRV y la validación, para muchos proyectos hacen falta meses y a menudo más de un año antes de llegar a créditos utilizables. En los proyectos forestales además entran los tiempos biológicos. Por eso resultan útiles los contratos forward: el comprador bloquea volúmenes futuros y el proyecto puede volverse más “bankable”. En la cadena cuentan los detalles: lotes, planes de gestión, monitorización con teledetección y verificaciones en campo, y roles claros entre propietarios, consorcios, operadores y transformadores.
¿Cómo evaluar estas nuevas tendencias sin aumentar el riesgo (integridad, adicionalidad, permanencia y registros)?
La primera defensa es una due diligence repetible. La checklist parte de estándar y metodología, y luego entra en baseline y test de adicionalidad, leakage, permanencia y gestión del reversal (buffer pool o seguros), gobernanza del proyecto y transparencia de los datos. Aquí es útil alinearse con los criterios de calidad que el CRCF pone en el centro: cuantificación sólida, adicionalidad, almacenamiento de largo plazo y sostenibilidad.
La segunda defensa es la trazabilidad en registros. Se necesitan números de serie, prueba de retirement y controles contra el double counting. El camino de la UE hacia un registro electrónico más coordinado hace este tema aún más concreto: en el procurement, “dónde está escrito” y “cómo lo demuestras” se convierte en
La tercera defensa es gestionar el riesgo regulatorio. En CORSIA la elegibilidad puede cambiar, y también en la UE las reglas sobre metodologías y criterios pueden evolucionar. En los contratos conviene prever cláusulas de regulatory change y sustitución de unidades, además de KPI de monitorización.
Por último, hace falta una estrategia de cartera. Un mix entre créditos de alta durabilidad, naturaleza con co-beneficios pero riesgos gestionados, y experimentación controlada reduce la exposición. Y para evitar el greenwashing la regla es simple: separar compensación y contribución, hacer disclosure (vintage, estándar, lugar, metodología) y aceptar verificación independiente. La dirección del mercado hoy va precisamente hacia más selección y más atención a la calidad y la durabilidad.