Por qué el PPE está moviéndose ahora para reabrir el debate sobre el EU ETS

El debate sobre el EU ETS ha vuelto porque el contexto político ha cambiado. La Comisión Europea ya ha presentado el objetivo climático para 2040 y una revisión del marco del ETS, así que la cuestión ya no es si hay que actuar, sino cómo equilibrar competitividad, descarbonización y costes energéticos.

El PPE tiene margen para reabrir el expediente porque la competitividad industrial ocupa ahora el centro del relato político. La propia Comisión vincula la reforma del ETS con el Pacto Industrial Limpio y la Brújula de la Competitividad, lo que indica que la política climática se está evaluando a la luz de las necesidades de la base manufacturera.

El mercado de carbono sigue funcionando, pero está políticamente expuesto. En 2025, las emisiones del ETS cayeron un 1,3% interanual y, desde 2005, el sistema ha reducido a la mitad las emisiones en los sectores cubiertos. Eso deja a los críticos de la reforma con menos margen para sostener que el mercado ha fracasado, pero no elimina la presión política.

El momento es delicado porque el ETS entra en una fase más sensible. A partir de 2026, los nuevos flujos de subastas cobran más importancia, la Reserva de Estabilidad del Mercado pasa a ser más central y el ETS2 para edificios y transporte por carretera comienza en 2027. Eso sitúa los precios y la redistribución bajo un foco mucho más intenso.

Qué partes de la reforma del mercado de carbono corren más riesgo

La Reserva de Estabilidad del Mercado es el primer objetivo técnico. En 2026 y 2027, está previsto retirar del mercado grandes volúmenes de derechos de emisión, incluidos 190 millones de derechos colocados en la MSR entre septiembre de 2026 y agosto de 2027. Cualquier cambio en la regla de absorción afectaría directamente a la oferta de derechos y a la formación de precios.

Los derechos gratuitos también están expuestos. De 2026 a 2030, los valores de referencia se endurecen y, para los sectores menos expuestos, la asignación gratuita tiende a cero al final de la fase 4. Para los compradores de acero, cemento, productos químicos y refino, esta es la palanca que más directamente configura el coste de cumplimiento.

La coherencia con el CBAM es otro punto de presión. La simplificación de 2025 ya introdujo un umbral de minimis que exime a alrededor del 90% de los importadores, manteniendo al mismo tiempo el 99% de las emisiones dentro del ámbito de aplicación. Si las normas del ETS se suavizan aún más, el equilibrio regulatorio entre la producción doméstica y las importaciones podría ser más difícil de defender.

El ETS2 es políticamente distinto, pero está conectado. La Comisión acaba de reforzar las salvaguardas de estabilidad del nuevo régimen para edificios y transporte por carretera con el fin de preservar la integridad medioambiental y la previsibilidad del mercado. Si la batalla del ETS1 se intensifica, podrían seguirle llamadas a retrasos o a colchones adicionales en el ETS2.

El argumento de la competitividad industrial: ¿presión real o protección política?

La presión industrial es real en algunos sectores, pero no es uniforme. La Comisión evalúa el riesgo de fuga de carbono utilizando la intensidad comercial y la intensidad de emisiones, y la asignación gratuita sigue siendo una herramienta dirigida a los sectores más expuestos.

Para los compradores B2B, la cuestión práctica es cuánto afecta el precio del carbono al coste total. En cemento, fertilizantes, refino y acero, los costes del ETS se trasladan al CAPEX, al OPEX y a los contratos a largo plazo. Pero los factores de competitividad más importantes son el acceso a la energía, al hidrógeno, a la captura de carbono y a la capacidad de la red.

Por eso el argumento de la competitividad también puede funcionar como un escudo político. Es fácil presentar la reforma del ETS como una forma de proteger a la industria, pero la verdadera cuestión es si el sistema se está ajustando para reducir los choques de transición o para retrasar el cambio.

El ETS no ha destruido la base industrial. Las emisiones están bajando mientras continúa la transición, y la Comisión sigue vinculando el ETS a instrumentos de apoyo como el Fondo de Innovación, el Fondo de Modernización y, a partir de 2026, el Fondo Social para el Clima. Eso respalda un caso más equilibrado para la reforma: mantener la señal de precio y suavizar el impacto.

Para los grandes emisores y los procesadores industriales, el riesgo clave es si la reforma acaba premiando la ineficiencia o protegiendo activos estratégicos a corto plazo.

Por qué la llamada del BCE a un mercado de carbono más profundo cambia las apuestas

El BCE ha elevado el listón del debate al respaldar un precio del carbono creíble y basado en el mercado. Frank Elderson ha subrayado que la UE necesita preservar un ETS que siga siendo creíble como parte tanto de la transición verde como de la resiliencia económica.

Eso importa para los inversores y los tesoreros corporativos porque un mercado de carbono más profundo reduce la incertidumbre sobre la trayectoria de precios. Mejora la bancabilidad de proyectos bajos en carbono como hornos eléctricos, calor electrificado, CCS, mejoras de proceso y contratos de compraventa de energía a largo plazo.

Al BCE también le preocupa la fragmentación. Un ETS sólido crea un precio de referencia único, lo que ayuda a que el capital se mueva con mayor eficiencia entre sectores y Estados miembros. En la práctica, eso afecta a la localización industrial, a la contratación de energía y a la gestión del riesgo de carbono.

El contraste político es claro. Un bando quiere aliviar los costes de cumplimiento. El otro quiere una señal de precio lo bastante fuerte como para orientar las decisiones de inversión de 2030 a 2040.

Cómo un ETS más suave podría afectar a los precios, las señales de inversión y los plazos de descarbonización

Un ETS más suave podría rebajar los precios del carbono a corto plazo o aumentar la volatilidad. Eso sería más probable si la MSR absorbiera menos derechos o si se ampliara la asignación gratuita. Para los compradores industriales, eso puede reducir el coste de cumplimiento en el corto plazo, pero también debilita la visibilidad sobre los costes futuros del carbono.

El mayor riesgo empresarial es el retraso de la inversión. Cuando la señal de precio es débil, proyectos como la electrificación del calor, las modernizaciones de plantas, la captura de carbono y la contratación de electricidad renovable pueden posponerse porque la rentabilidad parece menos segura.

Eso importa especialmente para cemento, acero, productos químicos y pasta y papel. Estos sectores necesitan plazos largos y dependen de la claridad regulatoria para justificar el gasto de capital.

Una reforma más permisiva también puede reducir el coste inmediato del carbono trasladado a lo largo de las cadenas de suministro. Pero el contrapeso es una descarbonización más lenta. La Comisión ya ha dicho que el ETS ha ayudado a reducir en un 50% las emisiones en los sectores cubiertos desde 2005, así que la verdadera elección es entre menor coste hoy y una reducción más lenta mañana.

Para los inversores, la cuestión no es solo el nivel del precio. Es la credibilidad de la trayectoria de 2030 a 2040. Si el mercado cree que los legisladores suavizarán el sistema cada vez que aumente la presión industrial, la prima de riesgo sube y la cobertura del carbono se vuelve menos fiable.

Qué significa este choque político para los mercados globales de carbono y los sectores expuestos al comercio

La señal de la UE importa a escala global porque sigue siendo una referencia para la tarificación del carbono, el CBAM y el diseño de los mercados de cumplimiento. Cualquier suavización del ETS puede influir en cómo otras jurisdicciones piensan sobre el comercio de derechos, las subastas y la asignación gratuita.

Los sectores expuestos al comercio afrontan un riesgo comercial si el ETS se debilita mientras el CBAM no se ajusta en paralelo. Eso puede generar arbitraje entre la producción doméstica y las importaciones, con consecuencias para los precios, el aprovisionamiento y la inversión en capacidad europea.

La batalla también afecta a la credibilidad climática. La Comisión sigue presentando el ETS como un elemento central del objetivo para 2040 y de la meta de neutralidad para 2050, así que una gran retirada política debilitaría el liderazgo regulatorio de Europa.

Para compradores, operadores e inversores, la conclusión práctica es sencilla. Hay que seguir juntos el diseño de la MSR, la asignación gratuita, las salvaguardas del ETS2 y la simplificación del CBAM. Esas cuatro variables configurarán el coste real del carbono y la bancabilidad de los proyectos industriales durante el resto de la década.