Lo que la UE está considerando en su agenda de limpieza regulatoria profunda

Bruselas avanza hacia una fase de limpieza regulatoria profunda. El objetivo no es solo reducir la carga administrativa. La agenda más amplia de simplificación busca coherencia normativa, menos solapamientos y menos duplicación de informes entre las normas sobre clima y uso del suelo.

La señal más importante es que la Comisión ya está trabajando en una revisión del marco de política climática de la UE, con LULUCF y ESR apareciendo ya en documentos parlamentarios y de comisiones. Eso hace que esto parezca menos un debate teórico y más el inicio de un rediseño posterior a 2030.

Para compradores, desarrolladores y emisores, esto importa porque la discusión ya no gira solo en torno a la mecánica del cumplimiento. También trata de si el carbono del suelo se convierte en una clase de activo más claramente definida, con consecuencias para MRV, registros, cuentas de cumplimiento e incentivos en la cadena de suministro.

La arquitectura técnica ya se está ajustando. En 2026, la Comisión actualizó las normas del Registro de la Unión para mejorar cómo se contabilizan las transacciones de ESR y LULUCF. Esa es una señal clara de que el sistema se está alineando antes de cualquier reforma estructural mayor.

La verdadera pregunta es por qué esto importa ahora. La respuesta es simple: LULUCF y ESR siguen funcionando como dos sistemas separados, y esa separación crea ineficiencias para los Estados y los participantes del mercado.

En qué se diferencian hoy LULUCF y ESR y por qué su fusión importaría

LULUCF cubre el uso del suelo, el cambio de uso del suelo y la silvicultura. ESR cubre el transporte por carretera, los edificios, la agricultura, la pequeña industria y los residuos. Son regímenes distintos, con lógicas de cumplimiento diferentes y métricas de desempeño distintas.

Hoy, el marco sigue estando muy compartimentado. LULUCF se basa en las absorciones netas y en una contabilidad sin débito. ESR se basa en objetivos nacionales vinculantes de emisiones en relación con 2005. Para compradores y vendedores, eso significa dos tipos de unidades, dos mercados administrativos y dos perfiles de riesgo político.

La desalineación se ve en las cifras. El objetivo de LULUCF de la UE es de 310 MtCO2e de absorciones netas para 2030, pero el sector absorbió alrededor de 198 MtCO2e en 2023 y se estimó en -212 MtCO2e en 2024. Eso sigue por debajo de la trayectoria objetivo.

ESR también está bajo presión. La Comisión estima que las emisiones de los sectores del reparto del esfuerzo deberían caer alrededor de un 38% en 2030 frente a 2005, lo que sigue siendo aproximadamente 2 puntos porcentuales por debajo del objetivo de la UE. Esa brecha hace más atractiva una vinculación más estrecha con la contabilidad del sector del suelo.

Para los operadores agroforestales, la cuestión práctica es sencilla. Si los dos regímenes siguen separados, ¿quién monetiza las absorciones y quién asume el riesgo de incumplimiento? Esa tensión es precisamente lo que hace que un marco único sea políticamente interesante.

La lógica de política detrás de un marco único para suelo y sectores no ETS

Un marco único trataría de integrar el sistema. En lugar de tratar el suelo, los bosques, la agricultura y los sectores no ETS como compartimentos separados, Bruselas podría coordinarlos para reducir el arbitraje regulatorio y mejorar la credibilidad del marco climático.

El argumento macroeconómico es que el sector del suelo ya forma parte de la solución climática y de la bioeconomía. Mantener artificialmente separadas las absorciones y las emisiones dificulta dirigir capital hacia la agricultura de carbono, la forestación, la restauración de turberas y la gestión forestal mejorada.

La Comisión ya ha dicho que existen flexibilidades entre ESR y LULUCF, pero son limitadas y técnicas. Una fusión incorporaría esa interdependencia en un solo instrumento, cambiando cómo los Estados cubren déficits y equilibran el cumplimiento con la mitigación real.

Para los compradores, un marco único podría significar una señal de precios más clara, un MRV más estandarizado y una construcción de carteras más sencilla en torno a activos basados en el suelo vinculados a objetivos de Alcance 1, 2 y 3.

La contrapartida es que la integración no reparte los beneficios por igual. Cambia el equilibrio de poder entre Estados, propietarios de tierras, operadores forestales y sectores emisores.

Ganadores y perdedores: implicaciones para los Estados miembros, los propietarios de tierras y los emisores

Los probables ganadores son los Estados con fuerte capacidad de absorción biológica, gran cobertura forestal o margen para la agricultura de carbono. Podrían convertir los sumideros de suelo en una palanca de cumplimiento más fuerte y en una baza política más sólida.

Los probables perdedores son los Estados con objetivos ESR más ajustados, perfiles urbanos densos y menor capacidad de secuestro natural. Para ellos, un marco fusionado podría elevar los costes de cumplimiento si los sumideros de suelo no crecen lo bastante rápido o si los créditos escasean.

Para propietarios de tierras, silvicultores y grandes operadores agrícolas, la cuestión clave es la monetización. Un sistema más integrado puede crear una demanda institucional más estable, pero solo si las normas sobre adicionalidad, permanencia, fugas y contabilidad de referencia son claras.

Para los emisores no ETS, especialmente en transporte por carretera, edificios y agricultura, la fusión podría crear un mercado de cumplimiento más híbrido. Eso probablemente aumentaría la presión para adquirir créditos o unidades regulatorias equivalentes, al tiempo que haría más importante el calendario.

La pregunta de mercado ahora es obvia. Si Bruselas unifica el marco, ¿qué ocurre con las absorciones de carbono, la calidad de la contabilidad y la formación de demanda para los proyectos basados en el suelo?

Qué podría significar un instrumento fusionado para las absorciones de carbono, la contabilidad y la demanda del mercado

Un instrumento único podría reforzar la demanda de absorciones de carbono certificadas y de reducciones de emisiones agrícolas o forestales. Eso es especialmente relevante ahora que la UE ya ha puesto en marcha el marco CRCF y las normas de transparencia relacionadas para los sistemas de certificación y auditoría.

El mayor cambio de mercado sería un vínculo más estrecho entre la demanda de cumplimiento y las carteras de proyectos. Eso no solo afectaría a los créditos voluntarios de carbono. También podría crear unidades más directamente utilizables en un sistema integrado de suelo y sectores no ETS, con una demanda menos fragmentada y más financiable.

La contabilidad tendría que ser más robusta. Un marco fusionado exigiría un MRV más sólido, una arquitectura de registros, seguimiento de permanencia y asignación de responsabilidades, porque las cifras de LULUCF ya son macrorelevantes pero siguen por debajo del objetivo de 2030.

Para los compradores corporativos, el resultado práctico podría ser una curva de oferta más clara para proyectos basados en la naturaleza en Europa. La silvicultura, las turberas, el carbono del suelo y la agroforestería podrían estar más preparados para la contratación si la demanda pública crea un suelo regulatorio.

La conclusión principal es sencilla. Una fusión entre LULUCF y ESR no sería solo una reforma técnica. Sería una redefinición del diseño de mercado sobre cómo la UE valora el suelo como infraestructura climática, con efectos directos sobre la inversión, la gestión del riesgo y la estrategia de descarbonización.